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Vasos

La arteria renal principal surge de la aorta y se divide, más frecuentemente, en anterior y posterior. Estas arterias se dividen nuevamente para formar las arterias segmentarias, usualmente cuatro o cinco, aunque hay muchas variantes. Estas arterias irrigan segmentos diferentes del riñón y son arterias terminales, no hay una significativa circulación colateral entre los territorios irrigados por ellas. Las arterias segmentarias se dividen en el seno renal para formar las arterias interlobares las cuales entran al riñón recorriendo el espacio entre los cálices y el parénquima cortical adyacente, luego continúan por el espacio entre las pirámides (médula) y los septos de Bertin (el tejido cortical que rodea las pirámides).

Las arterias interlobares se dividen, dicotómicamente, para originar las arterias arciformes (o arqueadas) que se ubican en la unión corticomedular, tendiendo a rodear una de las mitades de la pirámide renal. Cada set de arterias adyacentes a una pirámide irrigan el septo cortical próximo a ellas, consistente con la delimitación de lóbulos de acuerdo a distintos dominios irrigados por las arciformes que rodean una pirámide medular. Este patrón vascular refuerza el concepto de que los septos de Bertin surgen por el proceso de fusión lobar, donde cada zona cortical y la pirámide que rodea, se forman separadamente durante el desarrollo embrionario, para posteriormente fusionarse durante el desarrollo fetal.

Las arterias arciformes convergen cerca del centro de la base de las pirámides, pero no se anastomosan.

Las arciformes dan ramificaciones: las arterias interlobulillares o corticales radiadas, las cuales se disponen perpendicularmente a la superficie de las pirámides. Pocas arterias interlobulillares llegan a la superficie, donde se anastomosan con ramas capsulares de las arterias suprarrenal y gonadal.

Las arterias interlobulillares dan ramas laterales a intervalos regulares: las arteriolas aferentes. Algunas aferentes pueden formarse directamente de las arciformes, o aun directamente de las interlobares.

No hay arterias que penetren en la médula renal.

Las venas se originan en la corteza y siguen trayectos paralelos a las arterias lobulillares, arciformes, interlobulares y segmentarias, hasta formar la vena renal principal.

Figura 1. Las arterias arciformes (o arqueadas) (flecha verde) discurren por el espacio intersticial entre la médula y la corteza. En este trayecto se acompañan de vasos linfáticos, nervios y venas (asterisco) (H&E, X100).

Figura 1b. Las arterias tienen láminas elástica interna y externa. Con inmunofluoerscencia éstas se hacen más notorias debido a que el tejido elástico autofluoresce (inmunofluorescencia directa para IgG, X400).

Figura 2. Las arterias corticales radiadas o interlobulillares (asterisco) son ramas de las arciformes y son las que originan las arteriolas aferentes. Suelen tener, dependiendo de su grosor, varias capas de células musculares. Las flechas están señalando arteriolas (H&E, X300).

Figura 3. En las arterias hay una lámina elástica ubicada entre la íntima y la muscular. Esta elástica puede verse con cierta facilidad en las arterias más grandes y es un poco más difícl de identificar, con tinciones de rutina, en las arterias pequeñas. Aquí se evidencia muy bien esta lámina (flechas), que se ve ondulada cuando la arteria tiene su pared relajada, como ocurre en los tejidos para estudio histológico habitual (tricrómico de Gomori, X300).

Las arteriolas eferentes forman el plejo de capilares peritubulares poco después de salir de los glomérulos. La sangre pasa de los capilares peritubulares a las venas interlobulillares.

Figura 4. Las arteriolas suelen verse en relación con su glomérulo respectivo. Normalmente, tienen de 1 a 3 capas de células musculares lisas. En esta imagen vemos una arteriola con trayecto sinuoso (flechas) u su respectivo glomérulo (asterisco) (H&E, X400).

Figura 5. Una arteriola glomerular (flecha). Cuando sólo vemos una de las dos arterias en el hilio glomerular es prácticamente imposible diferenciar, con las coloraciones histológicas de rutina, la aferente de la eferente (H&E, X400).

Las arterias y arteriolas renales tienen la misma estructura histológica que las encontradas en otros sitios del organismo. Están formadas por endotelio, tejido conectivo subendotelial o íntima, lámina elástica interna (difícil de identificar, con tinciones rutinarias, en las arterias pequeñas), capa muscular y adventicia: que se fusiona con el tejido conectivo intersticial.

Las arteriolas aferentes son los principales vasos de resistencia en el riñón y regulan el flujo sanguíneo renal por contracción o relajación de sus una a tres capas de músculo liso.

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Bibliografía

Venkatachalam MA, Kriz W. Anatomy. En: Jennete JC, Olson JL, Schwartz MM, Silva FG (editores) Heptinstall's Pathology of the Kidney, 5º Edition. Lippincott-Raven, Philadelphia, 1998; pp.3-66.

Kern WF, Silva FG, Laszik ZG, Bane BL, Nadasdy T, Pitha JV.. Atlas of Renal Pathology. W. B. Saunders Company, Philadelphia, 1999; pp.1-6.

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