Prof. Miguel Builes Marín

in memoriam

(1947 - 2012)

 

A UN MAESTRO DE LA PATOLOGÍA: EL PROFESOR MIGUEL BUILES

En abril de 2012 se ha ido el profesor Miguel Ángel Builes Marín, un patólogo como pocos. Tuve el gusto de conocerlo desde mi época de estudiante de pregrado en la Facultad de Medicina. Era frecuente encontrarlo sentado en una de las sillas del Hospital San Vicente de Paúl (Medellín), al aire libre, haciendo la digestión luego de almorzar. Y se sentaba en esas sillas varias veces al día, viendo “pasar el pueblo” (como decía él), disfrutando de ese placer de ver lo cotidiano de la vida en medio del paisaje urbano, saludando a muchos. Todas las personas del Hospital y de la Facultad lo conocíamos porque era amigo de estudiantes, profesores y empleados no docentes; a todos nos saludaba, siempre amable y con una sonrisa. Vivió casi toda su vida en Bello (Antioquia), a donde llegó en sus primeros años desde su natal Santo Domingo (Antioquia). Desde el Liceo Antioqueño se hizo parte de la Universidad de Antioquia, a quien entregaría posteriormente sus años laborales, su experiencia y su sabiduría. Desde poco después de terminar su año de servicio social obligatorio ingresó al Departamento de Patología como residente. Luego de vincularse como profesor en 1976, completó su formación en el Instituto Nacional de Cardiología, en México (Patología Renal y Cardiovascular) y en el Hospital Necker (París), en éste último tuvo la suerte de estudiar bajo la tutela de una de las grandes de la Patología Renal en el mundo, la Dra. Renee Habib, de quien adquirió de primera mano los conocimientos más avanzados sobre Nefropatología.

El Dr. Builes fue en nuestro Departamento uno de los profesores más críticos, nunca aceptaba conceptos sin un riguroso análisis, aún en conceptos provenientes de personajes de reconocida reputación mundial. Describe muy bien su lucidez conceptual y sus profundos conocimientos una anécdota que muchas veces he contado: El rechazo del trasplante cardíaco se dividía en leve, moderado y severo (grado 1, 2 y 3 respectivamente) en los años setenta y ochenta, pero en 1990 la International Society for Heart and Lung Transplantation (ISHLT) cambió esa clasificación por otra más complicada y detallada (7 categorías) que él nunca aceptó o utilizó y de la que decía que era inútil y disminuía la reproducibilidad, haciendo menos fácil la conducta terapéutica; 14 años después, como si siguiesen los conceptos del profesor Builes, la ISHLT cambió de nuevo la clasificación y volvió a la anterior. Su claridad de conceptos y su carácter fuerte para defenderlos le generó algunas enemistades, pero eso más que un obstáculo, fue un aliciente para él seguir entregándole todo su esfuerzo a la Universidad de Antioquia, único sitio en el que trabajaba; no se dejó tentar por opciones laborales más rentables económicamente, sólo trabajaba en el Departamento de Patología. Y siempre lo defendía a capa y espada; no gustaba de ser amigo de quien hablase mal de La Universidad o del Departamento. Una de las cosas más importantes que aprendí de él fue precisamente eso: su amor por la Universidad, por la Facultad y por el Departamento de Patología. Su claridad mental la plasmaba muy bien en el papel, sin palabras de más que pudiesen crear confusión, sin “diarrea mental”; otra de las muchas cosas importantes que quería enseñar a sus discípulos fue eso: ser muy claros y concisos en los informes anatomopatológicos, había que ser claros hasta para dudar, saber transmitir al médico tratante lo que veíamos en el estudio histológico, sin palabras de más y con la suficiente claridad para que él pudiese definir una conducta.

Era muy simpático entrar en su oficina y ver en un pequeño rincón un recorte de una nota de periódico con un titular diciendo algo más o menos así: “Miguel Ángel Builes en vía de beatificación” (quizá no haga falta explicar que él no era el famoso obispo de Santa Rosa de Osos al que se refería el titular).

Toda mi vida estaré agradecido con mi gran Maestro, me dio todo lo que pudo darme. Él quiso que su legado no se perdiese y buscó a quien dejarle gran parte de su caudal de conocimientos, de conceptos de vida y de amor por la Universidad de Antioquia; yo quiero sentir que logró encontrarlo. A él todo mi corazón, mi energía en la búsqueda del conocimiento, de la defensa de nuestra Universidad y de la transmisión de su legado. En gran parte de mi trabajo está implícita la herencia de mi gran Maestro. Es triste pensar en la fila de grandes patólogos de nuestro medio que se han ido, que comenzó con el Dr. Alfredo Correa Henao, continuó con el Dr. Walter León Herrera, luego el Dr. Oscar Duque, después el Dr. Mario Robledo y termina con el Dr. Builes.

Quienes lo conocimos sabíamos de su aversión porque lo fotografiasen. Al buscar una foto suya para esta página me percaté de esta aversión, así que lo más honesto con él es no ponerla. Su legado en enseñanzas, en investigación y en historias es bastante y no se precisa su foto para recordarlo.

Una agradecimiento para nuestro Profe y Maestro, y que Dios lo tenga a su lado.

 

Luis F. Arias, MD, PhD.